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lunes, 4 de diciembre de 2017

La ternura, una deliciosa comedia de la que no os debéis privar



¡Hola perdid@s!  En esta ocasión vengo a hablaros de la última maravilla que pude disfrutar en mi teatro de cabecera, el Teatro Principal de Zaragoza, el pasado fin de semana.  Después de una agotadora semana, y siguiendo el consejo de una amiga, decidí desconectar (aunque fuera un poquito) y qué mejor modo que con teatro, y además con la última obra de Alfredo Sanzol (de la que es autor y director), que ya me cautivó con La respiración el año pasado, La Ternura, de la mano de Teatro de la Ciudad y Teatro de la Abadía, una deliciosa comedia de amor y enredo ambientada en el medievo.


Nos encontramos con la historia de dos princesas, la Princesa Salmón (Natalia Hernández) y la Princesa Rubí (Eva Trancón), que viajan en la Armada Invencible hacia tierras inglesas para, por mandato del rey Luis II, contraer matrimonio con nobles ingleses. Su madre, la Reina Esmeralda (Elena González, que hace unos meses disfruté en Mármol) las acompaña y, “escarmentada” de los hombres, decide, por “su bien”, por medio de sus poderes y su manto mágico, hacer naufragar la nave para llegar a una isla desierta, donde no habrá hombres por los que sufrir…  Pero todo esto cambia a su llegada, pues la isla que creían deshabitada cuenta con tres habitantes, el Leñador Marrón (Juan Antonio Lumbreras) y sus dos hijos, el Leñador Verdemar (Paco Déniz) y el Leñador Azulcielo (Javier Lara), que se trasladaron allí buscando un lugar sin mujeres…  Así comienza el enredo donde, mediante el cruce del amor, la curiosidad y las posturas enfrentadas, Sanzol crea una obra de arte que no deja a nadie indiferente.

Foto:  Teatro de la Abadía

Escénicamente, un sobrio decorado cobra vida gracias a un maravilloso trabajo de iluminación, y a un conjunto actoral de gran nivel, con amplia experiencia teatral y televisiva, ataviados con ropajes del color de sus nombres, algo que me resultó “gracioso”, que encarnan perfectamente cada una de las almas de los protagonistas; un gran reparto donde no puedo dejar de destacar a Javier Lara, al que ya había visto en otras ocasiones en las tablas (Todo el tiempo del mundo) y en televisión en otro tipo de papeles, que personaliza la inocencia de una manera tan pura que por su mirada parece que estés ante un pequeño en un día de fiesta.


Sin querer asemejarse a obras medievales, el autor (y director) ha sabido entretejer una maraña de situaciones con un claro hilo conductor, que lleva al espectador a disfrutar de cada minuto, haciendo que las poco más de dos horas que dura se conviertan en un suspiro. Así, tanto el texto y la línea argumental, como la delicadeza y la gran calidad de los protagonistas garantizan el éxito de la obra.


Por todo ello, sólo puedo recomendaros esta maravilla que os encantará, y que perfectamente podría haber sido escrita por Shakespeare, inspirada en su universo, con buen texto, buen reparto y maravillosa puesta en escena.  Siguen de gira así que, si os pilla cerca, no os privéis de La ternura en vuestra vida, de “la ternura” en minúsculas y La ternura de Sanzol, porque os encantará.  ¡Palabra de perdida!😉


 LA TERNURA
TEATRO DE LA CIUDAD / TEATRO DE LA ABADÍA
Puntuación 10 / 10

Autor y director.- Alfredo Sanzol

Reparto:

Elena González.- Reina Esmeralda
Natalia Hernández.- Princesa Salmón
Eva Trancón.- Princesa Rubí
Juan Antonio Lumbreras.- Leñador Marrón
Paco Déniz.- Leñador Verdemar
Javier Lara.- Leñador Azulcielo

Web.- La ternura


martes, 6 de diciembre de 2016

Incendios, cuando uno y uno no son dos



¡Hola perdid@s! Hoy vengo a hablaros sobre la última obra que pude disfrutar en el Teatro Principal de Zaragoza hace un par de semanas.  Se trata de Incendios, un texto de Wajdi Mouawad, bajo la dirección de Mario Gas, de la mano de Ysarca Producciones y coproducido por el Teatro de la Abadía, una desgarradora historia sobre guerra y relaciones personales que no deja a nadie indiferente.

            Con un elenco encabezado por una brillante Nuria Espert, la magistral batuta de Mario Gas va desarrollando ante el espectador la historia de una mujer, Nawal Marwan, y los “incendios” que asolan su vida.  Comenzamos en una habitación casi vacía; una mesa, una silla y un notario, Hermile Lebel (Ramón Barea), a punto de comenzar la lectura del testamento de nuestra protagonista, Nawal Marwan (Nuria Espert), ante la “extraña” presencia de sus gemelos, Simon (Álex García) y Jeanne (Carlota Olcina).  Una chaqueta, un cuaderno, unos sobres y unas tareas encomendadas a cada uno de ellos es su contenido, tareas que deben llevar a cabo, como últimas voluntades de su madre, abriendo una caja de Pandora llena de misterios, secretos y sentimientos encontrados; un viaje a un destino desconocido con una frase de cabecera “Ahora que estamos juntos, todo va mejor”.

            Es a partir de ahí desde donde se desarrolla nuestra historia, un recorrido por la vida de nuestra protagonista, Nawal Marwan, desde su más inocente juventud (en la piel de Laia Marull) en el pueblo libanés que la vio nacer, hasta su madurez, su ancianidad (Nuria Espert) y muerte.  En un universo de guerras fraticidas en el Medio Oriente, con personajes como el miliciano (Alberto Iglesias) o Nihad (Edu Soto), y mediante un maravilloso juego de dimensiones temporales, nuestros protagonistas intentan cumplir las peticiones de su madre sin darse cuenta de que, poco a poco, están descubriendo a una Nawal que no conocían; sus sentimientos, sus ideales, sus amigos (con especial mención a “la mujer que canta”, Sawda, encarnada por Lucía Barrado), sus objetivos, sus sueños y su descenso a los infiernos.

Foto: Teatro de la Abadía

            Con un texto de “suspense emocional” como el propio autor señala, se consigue tener al espectador clavado en la butaca durante las tres horas que dura la obra, y que, sin dudar, se hacen cortas a la espera del desenlace deseado. Un texto en base a las guerras que el autor conoció en Líbano en su infancia, pero cuyo trasfondo sería aplicable a todo conflicto en cualquier momento de la historia; el dolor de una madre, de una hija, de una amiga, de una superviviente nata que nos cuenta su desgarradora historia de sufrimiento con un halo de esperanza y una única base: el amor.

            Respecto a las interpretaciones, mencionar un sorprendente Edu Soto como Nihad, interpretando grandes clásicos en directo, a una gran Laia Marull, la Nawal joven, cuyo espíritu impregna cada uno de los elementos de la obra, y transmite cada sentimiento al público, que llega a sentirlo como suyo y, por supuesto, a una extraordinaria Nuria Espert, premio Princesa de Asturias de las Artes de este mismo año, cuya sublime interpretación de Nawal en la escena del juicio llega profundamente al interior de cada espectador, haciendo incluso aflorar lágrimas en los ojos de algunos (aunque el director intente huir de ese dramatismo lacrimógeno mal entendido), lágrimas que se convierten en la lluvia que todo lo limpia y que apaga todos los fuegos al final de la obra.

            Teatro del bueno, del que hace pensar, del que clava al espectador a la butaca durante la duración de la obra (incluso al “perdido” que me acompañaba, al que le encantó) y del que merece la pena poder disfrutar, además, con la presencia de un elenco formado por grandes intérpretes que no defraudan.  Arte plasmado en las tablas de un escenario, esa es la mejor definición de lo que yo pude disfrutar esa noche.  Así que, si pasa por vuestra ciudad, vuestro teatro de cabecera o cerca, no os lo penséis, dejad que os “incendien” las palabras de Wajdi Mouawad, os aseguro que no os arrepentiréis… ¡palabra de perdida!


INCENDIOS
YSARCA PRODUCCIONES / TEATRO DE LA ABADÍA
 Puntuación.- 10 / 10 

Autor.- Wajdi Mouawad
Dirección.- Mario Gas

Reparto:
Ramón Barea.- Hermile Lebel / Médico / Abdessamad / Malak
Álex García.- Simón / Guía
Carlota Olcina.- Jeanne
Alberto Iglesias.- Ralph / Antoine / Miliciano / Conserje / El hombre / Chamseddine
Laia Marull.- Nawal joven
Edu Soto.- Wahab / Nihad
Nuria Espert.- Jihane / Nazira / Nawal 
Lucía Barrado.- Elhame / Sawda

Web.- Incendios


miércoles, 25 de mayo de 2016

La Celestina, un clásico inmortal que nunca defrauda (y gracias por superar las 7000 visitas)



            ¡Hola perdid@s! ¡En primer lugar, gracias por las más de 7000 visitas! ¡Muchas, muchas gracias! Y ahora a lo que importa, la nueva entradita…  Tras mi periplo en Madrid, del que iré dando cuenta poco a poco en el blog, aún me quedan unas cuantas obritas esta temporada en mi teatro por excelencia, el Teatro Principal de Zaragoza, y este pasado fin de semana se representaba una de ellas: La Celestina, la tragicomedia o también llamada “comedia humanista” de Fernando de Rojas, con una versión dirigida por José Luis Gómez, de la mano del Teatro de la Abadía y la Compañía Nacional de Teatro Clásico.


            Me imagino que conocéis la historia de la vieja alcahueta que, entre otros oficios, mercadea con el amor y el deseo sexual, con un trasfondo de represión, fundamentalmente a judíos, en una España de cristianos viejos, donde el honor y la pureza de sangre era tan importante que el concepto de judío converso dificultaba los lazos familiares y las uniones matrimoniales.  En ella, Calisto (Raúl Prieto) conoce a Melibea (Marta Belmonte) y, prendado de su belleza, acude a Celestina (José Luis Gómez), aconsejado por su criado Sempronio (José Luis Torrijo), para que haga algún “embrujo” para ganarse su corazón, a cambio de una contraprestación económica.


Foto:  Compañía Nacional de Teatro Clásico


            Y es a partir de ahí donde se desarrolla la acción, que no voy a relatar por respeto a aquellos que desconocen la historia (y que no se la voy a chafar, recomendándoles ávidamente su lectura).  En un escenario en un plano inclinado, típico de las producciones de La Abadía (recordemos que también el escenario de El público tenía esta orientación inclinada), del que sobresalen puertas, mesas y escaleras, se desarrolla la trama de la obra que, durante más de dos horas nos acerca a la España de la época, donde la hechicería, el temor, la honra y el “cristianismo viejo” se configuraban como elementos esenciales.


            En una obra donde el egoísmo personal se configura como elemento básico en la sociedad, buscando cada uno su propio bienestar, el retrato del vulgo por parte del autor es tan intenso que hace que esta obra se convierta en obra maestra.   Es ahí donde nuestra Celestina, alcahueta de tradición morisca que envuelve el ambiente con acento del sur, como dicen el propio José Luis Gómez y Brenda Escobedo, adaptadores de esta versión, desarrolla toda su acción.  Mención especial merece la maravillosa actuación de nuestra sorprendente protagonista, una Celestina interpretada por un hombre, encarnada en la piel de José Luis Gómez,  que dota al personaje de una profundidad que lleva incluso a apenar al espectador, a causarle odio o incluso a hacerle reír dependiendo de cada uno de los momentos de la acción; y también el desgarrador llanto final de Pleberio (Chete Lera) donde ese egoísmo pierde toda su razón de ser; todo ello aderezado con música y cantos moriscos interpretados por la compañía, especialmente por el personaje de Pármeno (Miguel Cubero) que dotan a la obra de ese velo judío converso que traslada al espectador a la época en que se desarrolla la historia.


            Brillante adaptación y gran reparto que dotan a una historia, excelente de base, de esa personalidad que la hace brillar.  Tanto si os gustan los clásicos como si los desconocéis, no debéis perderos esta Celestina u os arrepentiréis… ¡palabra de perdida!



 LA CELESTINA
de Fernando de Rojas

TEATRO DE LA ABADÍA / COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO

Dirección.- José Luis Gómez
Adecuación para la escena.- José Luis Gómez y Brenda Escobedo

Reparto:

Pleberio.- Chete Lera
Alisa.- Palmira Ferrer
Calisto.- Raúl Prieto
Melibea.- Marta Belmonte
Sempronio.- José Luis Torrijo
Celestina.- José Luis Gómez
Elicia.- Inma Nieto
Pármeno.- Miguel Cubero
Lucrecia.- Diana Bernedo
Areúsa.- Nerea Moreno