Mostrando entradas con la etiqueta Ana Zamora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Zamora. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Triunfo del amor, de Nao D’amores, disfrutando del festival ZGZ escena



¡¡¡Hola perdid@s!!!  Después de un ajetreado verano de opositora, donde los temas caían como losas uno tras otro y sin tiempo para nada, vuelvo a las andadas con la nueva temporada teatral que, en Zaragoza, comienza con el Festival Internacional de Artes Escénicas de Zaragoza ZGZ Escena, en su primera edición, que se puede disfrutar hasta el 1 de octubre en todos los espacios escénicos de nuestra ciudad, intentando acercar la danza, el circo y el teatro a todos los espectadores.


Tras una época de “sequía teatral” casi absoluta, una vez que vi la programación del festival, comencé a cuadrar fechas porque había varias obras que no me quería perder, y entre ellas se encontraba una apuesta segura:  Triunfo del amor, de Nao D’amores, que se representó el pasado fin de semana en el Teatro de la Estación de Zaragoza; y hablo de “apuesta segura” porque, además de que la tenía “fichada” desde que se representaba en el Teatro de la Abadía, ya había podido disfrutar en otra ocasión de esta compañía con la obra Penal de Ocaña (podéis leer el post pinchando encima), y me encantó.


Foto:  Javier Herrero


Nao D’amores es una compañía segoviana, con Ana Zamora a la cabeza, que intenta recuperar el teatro pre barroco y renacentista, con textos auténticos, sin artificios, y maravillosamente ejecutados con especial atención respecto a la dicción en ese castellano antiguo, ese habla sayaguesa, lengua romance castellana que se utilizaba en la llamada Castilla La Vieja en el siglo XV.  Al principio choca esta pronunciación, pero dota a la obra de una gran solvencia lingüística, transportándote al momento en que la acción se desarrolla.


En esta obra se parte de una serie de textos y músicas de Juan del Enzina, autor renacentista, el “patriarca” del teatro español, que rompió los moldes del teatro que se hacía en la corte, dotándolo de una perspectiva con un toque humanista del que anteriormente carecía, y que marcó toda la obra de los autores posteriores.  Seis actores, una serie de instrumentos musicales renacentistas (órgano, salterio, bajón, flautas de pico, gaita, instrumentos de percusión…) y una escenografía bastante sencilla, son suficientes regalar al público un enorme espectáculo compuesto por diferentes piezas, con el amor como base y trasfondo, que hace experimentar al espectador un montón de sensaciones diferentes arrancándole sonrisas en los momentos más inesperados (de modo aún más intenso si, como yo, tenéis la suerte de poder disfrutarlo directamente en el propio escenario).


Bajo la dirección de Ana Zamora, los distintos personajes se encarnan fundamentalmente por tres actores: Sergio Adillo (magnífico en el papel de pastor), Irene Serrano (con un gracioso papel de ninfa entre otros) y Javier Carramiñana (especialmente con un más que destacable papel de Cupido), que entre textos y danzas te retrotraen al teatro renacentista, más aún con las interpretaciones musicales en directo de Eva Jornet, Rodrigo Muñoz e Isabel Zamora, con una amplia formación y especialización en música antigua.  Un registro distinto pero muy recomendable, que no deja a nadie indiferente.


Por todo ello, sólo puedo recomendaros vehementemente que, si os pilla cerca, no os perdáis esta obra del teatro pre barroco, porque os encantará.  Textos brillantes y maravillosa puesta en escena; un juguete del renacimiento que la compañía ha acercado a nuestros días.  Ya me contaréis, pero es una apuesta segura, en todos los aspectos, que seguro que no os decepcionará, ¡¡¡palabra de perdida!!!


TRIUNFO DEL AMOR
a partir de textos y músicas de Juan del Enzina
NAO D'AMORES
Puntuación 9.5 / 10

Texto y música .- Juan de Enzina
Dramaturgia y dirección .- Ana Zamora

Reparto y músicos:

Sergio Adillo
Javier Carramiñana
Eva Jornet
Irene Serrano
Rodrigo Muñoz
Isabel Zamora


 

viernes, 20 de noviembre de 2015

Penal de Ocaña, de cómo un poquito de cada uno puede cambiar el mundo



          Acabo de llegar a casa de disfrutar de una obra excepcional, Penal de Ocaña,  galardonada y nominada en numerosas ocasiones, de la compañía Nao d’amores, que cumple su vigésimo aniversario el próximo año y que, encabezada por su directora Ana Zamora (también ampliamente reconocida) busca indagar en los orígenes del teatro, sin ánimo de hacerlo desde el punto de vista arqueológico, sino aproximando a cada momento actual esas letras que recogían los cimientos básicos de la moralidad y el sentimiento humano.  Ese teatro pre-barroco queda un poco de lado en esta producción, en la que como ellos mismos afirman, nos encontramos ante una nueva línea de trabajo: “Nao d’amores navegando hacia el presente” con elementos vinculados al mundo más contemporáneo. 


            Y con estas premisas llegamos a la obra, en un Teatro de la Estación que nos transporta a lo que el teatro era en su origen, a esos teatros griegos con un público a tres bandas donde no existe la “cuarta pared”, donde el intérprete se dirige directamente a ti, espectador, haciéndote entrar en la historia y vibrar con el sentimiento que desprende, buscando el objetivo del teatro, el unir al mundo para hablar de cosas, para compartir experiencias, recuerdos y esperanzas, y quizá también temores, por qué no…


            Con un piano, una maleta y una leve iluminación que va evolucionando en su minimalismo para situarnos en cada momento en el lugar de la acción se inicia nuestra historia.  Un diario que se convierte en partitura sobre la maleta de cartón, que la encargada de la música, Isabel Zamora, abre, curiosa, y que nos lleva a conocer la historia de María Josefa Canellada, una estudiante de Filosofía y Letras en el Madrid del 36, discípula de los mayores filósofos y filólogos del momento, colaboradora en el Centro de Estudios Históricos y en el Índice Literario Nacional, a quien el estallido de la guerra civil la llevó, en base a su propia moralidad y personalidad, a enrolarse como enfermera en un hospital, el hospital de Izquierda Republicana instalado en el Casino de Madrid.  En él, su función básica era atender a los heridos y así continuó cuando fue enviada al antiguo Penal de Ocaña, convertido en Hospital de sangre, donde su carácter la lleva a que, tras un periodo de “aguante” en el que su propia fuerza le hacía sobreponerse al sufrimiento diario, llegue un día donde el dolor por los muertos, por los desaparecidos y por la propia guerra la lleven a su propia desaparición, cumpliendo deberes morales que entendía vulnerados, y que nos llevan a la máxima que afirma que cada uno de nuestros actos quizá no haga cambiar el mundo, pero algo sí que cambia, no podemos quedarnos quietos


Más allá de orientaciones políticas, estamos ante una joya literaria de un cariz absolutamente pacifista, con una profundidad y un sentimiento que puede llevarte a que aflore una lágrima en tu rostro sin apenas darte cuenta.   

Esta historia de sufrimiento personal y moral llena de simbolismo (la esperanza, la vida, la luz…) está magistralmente interpretada por Eva Rufo (de amplia trayectoria en teatro –Kathie y el Hipopótamo, El perro del hortelano, El alcalde de Zalamea…- y televisión –donde actualmente la encontramos como Claudia de Francia en Carlos, rey emperador-), que da vida a la propia María Josefa Canellada, autora del diario donde recogía cada situación, cada acto, para que fuera conocido por  todos, no sólo por sus descendientes, sino por todo aquel que quisiera leerlos.  Pero no se encuentra sola en el escenario, sino acompañada por Isabel Zamora y su piano que, con piezas de Falla, Chopin, Ponce, Lázaro…un repertorio basado en las propias preferencias de la autora, va introduciendo esta historia real que en momentos puede llegar a convertirse en una especie de danza entre piano y protagonista.


Además he de señalar una cosa, el hecho de haber tenido la suerte de haber podido disfrutarla desde el escenario, a escasos metros de su protagonista, donde te habla mirándote a los ojos y transmitiéndote sus sensaciones, ha sido una experiencia maravillosa que hace que cambie absolutamente la percepción de la obra, sintiéndote como uno más.


Un ejercicio de sentimiento que llega a tocar la fibra sensible de cada uno de nosotros, llegando incluso a remover historias y recuerdos olvidados (que no deberían ser tales) en base a una historia real, de una superviviente que luchó por su moralidad y por actuar como ella pensaba que era justo y que merece ser conocida por todos. Aprovechad si podéis verla, actualmente de gira por España y en primavera temporada en el Teatro de la Abadía de Madrid. No os la perdáis.



PENAL DE OCAÑA
NAO D'AMORES

De María Josefa Canellada

Dirección.- Ana Zamora

Reparto:

Eva Rufo
Isabel Zamora (piano)